Decisión a medianoche
Un oficial es destinado a Berlín (Gregory Peck), ciudad que ha quedado en ruinas tras la II Guerra Mundial (1939-1945). Allí descubrirá todas las miserias de la contienda.
El espía que surgió del frío
A pesar de que sus últimas misiones son bastante irrelevantes, el agente secreto británico Alec Leamas no desea abandonar la clandestinidad para ocupar un despacho oficial. Su nueva misión en la Alemania Oriental parece más interesante: consiste en hacerse pasar por un desertor y para que su deserción resulte verosímil se las ingenia para desacreditarse y desacreditar a sus jefes hasta conseguir que lo expulsen de la agencia de inteligencia británica. De este modo no le resulta díficil entrar en los círculos de espionaje comunistas. Sin embargo, el agente acaba descubriendo que su misión es una simple tapadera y él un instrumento al servicio de un complot secreto.
El telón de acero
Un espía ruso es destinado a la embajada soviética de Ottawa (Canadá) con la misión de obtener información sobre armas nucleares, pero, tras un breve periodo de estancia en el país, decide desertar.
Se interpone un hombre
Berlín, época de posguerra tras la II Guerra Mundial, la británica Susanne Mallison (Claire Bloom) viaja a Berlín para visitar a su hermano mayor, que se ha casado con una alemana. Allí conoce a un hombre muy enigmático (James Mason) y, sin darse cuenta, queda atrapada en una red de espionaje en plena guerra fría.
Sitiados
Guerra Fría, la Crisis de Berlín. En 1948, la Unión Soviética decretó el bloqueo de los sectores occidentales de Berlín. Los rusos cortaron las comunicaciones por carretera de modo que las zonas ocupadas por los aliados se quedaron sin alimentos ni provisiones. Los Estados Unidos respondieron al bloqueo estableciendo un "puente aéreo" que hizo posible el abastecimiento de la ciudad durante un año. En esa operación participaron dos oficiales de las fuerzas aéreas estadounidenses: los sargentos Hank Kowalski (Paul Douglas) y Danny McCullough (Montgomery Clift).
Uno, dos, tres
Época de la Guerra Fría. C.R. MacNamara, representante de una multinacional de refrescos en Berlín Occidental, hace tiempo que proyecta introducir su marca en la URSS. Sin embargo, en contra de sus deseos, lo que su jefe le encarga es cuidar de su hija Scarlett, que está a punto de llegar a Berlín. Se trata de una díscola y alocada joven de dieciocho años, que ya ha estado prometida cuatro veces. Pero lo peor es que, eludiendo la vigilancia de MacNamara, la chica se enamora de Otto Piffl, un joven comunista que vive en la Alemania Oriental.
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